Estudia para que seas alguien en la vida
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Esta frase marco parte de la vida de generaciones en Chile, actualmente aún se escucha, aunque ya no con la convicción hegemónica del siglo pasado. Si bien la educación obligatoria mantiene una valoración en la sociedad; tambien se observa una creciente crítica respecto a los contenidos que ofrece, aludiendo a su falta de servicio práctico, al no reconocer en ellos ventajas competitivas para mejorar la vida de los estudiantes; asi, el desarrollo de ciertas actitudes, valores y el estatus social que reviste al establecimiento educativo resultan más atractivos como herramientas competitivas para los educandos y sus familias.
Con estas ideas instaladas en la población y un marco intelectual ideologizado en educación, adornado con una mimetización de ciencia aunadas como humanistas, la educación obligatoria hoy en Chile vive un periodo de controversia, manteniéndose anclada a una burocratización institucional, que termina entregando acreditaciones de permanencias en el sistema educativo, sin garantías ni de dominios competenciales ni de inserción social para sus estudiantes.
Si bien la frase abordada, encuentra más soporte para las personas en la escuela, al ser el punto de partida de esta promesa, dicho valor tambien ha sido desplazado sutilmente por necesidades más inmediatas, como los servicios de comedor y guardería que presta, pues la ausencia de los padres en el hogar al trabajar ambos fuera de casa, hacen de esta prestación un recurso imprescindible. La salida de la mujer al trabajo fuera del hogar y su formación profesional modificó su rol; ahora, la dueña de casa casi extinta y desprestigiada se transforma en mujer empoderada.
En este punto, atendamos a que toda transformación social conlleva movimientos complejos que afectarán al sistema en su conjunto; con esta transformación, por ejemplo, la familia ha sido impactada directamente, generándose cambios en su dinámica interna, dichos cambios se transforman en un movimiento sistémico recursivo entre familia y entorno. Si bien en los últimos años Chile ha vivido los avatares de la instigación política para la transformación social, existe un escenario global para dichas transformaciones, donde, además, los discursos de crisis circulan con agudeza mediática en torno a la amenaza del desastre ambiental, pero también político, social y tecnológico; sembrando el miedo y la incertidumbre.
Siendo natural y esperable que toda transformación sociológica choque con estructuras del sistema antiguo, desencadenando procesos de reingeniería social con nuevas rutas y desafíos; en los últimos años se denota un estado de agotamiento de las dimensiones más profundas de transformación que implican hasta aquí, un nivel de desarrollo; poniendo sobre la mesa una dimensión de crisis del modelo que subyace en la raíz de las quejas y aspiraciones de la ciudadanía. Sin duda la pandemia por Covid 19 asi lo demostró, dejando en entredicho tanto enfoques, metodologías y finalidades no solo de los sistemas educativos.
Retomando y dando contexto a la frase en cuestión; si los padres ya no pueden ocuparse del cuidado de los hijos por el trabajo, si la educación obligatoria deja de promover y velar el cumplimiento de estándares de competencias educativas, poniendo sobre valor su función de guardería y comedor, si se promueven titulaciones universitarias sin cuantificar costos económicos y de impacto social, es inevitable, que la educación en general presente problemáticas complejas, ya que hemos transformado las bases que sostenían el valor social y de retribuciones económicas que la educación en general y las titulaciones de nivel superior reportaban.
En esta línea, merece la pena atender los resultados del último Simce (2022), donde en matemáticas y lenguaje, el número de estudiantes de segundo medio que no alcanza los contenidos mínimos es de más del 50%. Si bien la prueba PISA 2022 mantiene a Chile con resultados significativamente más altos que los otros países de América Latina y el Caribe, seguimos estando por debajo de la media de la OCDE, lo que nos hace menos competitivos. Con relación a la población adulta la prueba PIACC, que es también una evaluación internacional de la OCDE que mide competencias de adultos; muestra datos nada alentadores, descartándose que los resultados se deban a los últimos contextos políticos coyunturales y los efectos de la pandemia por COVID, pues la muestra involucraba trayectorias de largo plazo. Debemos estar atentos a fines del 2024, pues allí contaremos con los datos de la última aplicación de dicha encuesta.
Ahora bien, con todos los cuestionamientos y faltas de certezas; la educación pública aun viviendo una profunda crisis en el país, sigue encarnando en origen una idea de unidad en torno a la preocupación por el futuro de los más jóvenes. El estado y los gobiernos de turno bien lo saben, por lo que no falta la ocasión de usarla con oportunismo. Los jóvenes de nuestra población contienen no solo la información genética, cultural y capital humano para el desarrollo de la nación; si no, que representan la sobrevivencia y proyección de futuro de nuestra especie. La escuela congrega a los jóvenes y sus familias, irradiando ese sentido de pertenencia que el ser humano requiere para desplegar su voluntad de mejora. En efecto, el nuevo pacto escuela y sociedad toma forma y sentido de urgencia; de no ocurrir en los próximos años corremos el peligro de perder por completo la valoración a este estamento educativo, al tiempo de dejar en el abandono a los más vulnerables de nuestra sociedad.
Mientras tanto, en la continuidad de estudios las cosas no están mejor, la confianza en que al terminar la estancia de formación profesional se pueden obtener retribuciones económicas, que compensen el costo de mantenerse hasta egresar del sistema de educación superior, ya inició un proceso de ponderación costo/beneficio en muchos jóvenes y familias que estiman injustificada la inversión.
Por otra parte, con un mercado laboral limitado que no muestra rápida posibilidad de crecimiento, donde el acceso a los puestos de trabajo sigue estando relacionado con las redes de contacto del postulante, donde muchas empresas mantienen la tendencia a contratar titulados de entidades tradicionales. La promesa de la educación profesional resulta ser un fraude para la movilidad social, reproduciendo estándares de los sectores más favorecidos, que por razones académicas cruzadas por las oportunidades de contexto terminan liderando el ingreso a las universidades más prestigiosas.
Es aquí donde la educación pública, como herramienta de desarrollo ha fracasado, perdiendo su misión de prever, proveer y proteger a sus usuarios en un escenario donde el verdadero poder de transformación es ostentado por grupos económicos planetarios, desplegando un avance empresarial global, manejado por una tecnificación en red mediática, desplazando incluso a los gobiernos de turno y el estado. Siendo asi, cerrarse a bandas de un color político desde el mundo educativo, solo sirve a causas ajenas distintas a los fines de la educación, generando más distorsión en la población, donde, por ejemplo, se confunde disciplina con abuso, excelencia académica con cultura elitista, cumplimiento de metas con falta de flexibilidad y ausencia de contexto.
Desde una mirada país, Chile no muestra capacidad de absorber la creciente cantidad de profesionales que egresan cada año, dejando a la vista las consecuencias de la proliferación de entidades de educación terciaria, aunque los resultados respecto a la mejora en la adquisición de competencias no se ven reflejadas en las evaluaciones. Este aumento de nuevas entidades de educación superior, si bien facilitaron el acceso a dicho nivel de formación, terminaron saturando el mercado, al tiempo de sacrificar calidad por cantidad. Movilizadas por la rentabilidad del negocio, los anhelos de las familias por un mejor futuro para la descendencia y respaldadas por el estado que aun acredita dichas instituciones, no hubo ámbito productivo o de servicio donde no penetraran, terminando por gestar el desempleo de los llamados ilustrados, su endeudamiento, el déficit del estado y la frustración en la población objetivo.
Los padres de familia que habían puesto sus ilusiones y su dinero con la idea de que sus hijos progresen, superando su situación socioeconómica de origen, representan un posicionamiento ético de la familia chilena, que hoy evidencia señales claras de estar siendo horadada desde sus cimientos. Las trasformaciones sociales levantadas en los últimos años instalan nuevas formas de vivir, promovidos con ideas de derechos, libertad y placer; difundidos por la penetración sin límite de las redes, la sociedad de la información y del conocimiento es hoy una sociedad digital en redes, que moviliza masas eficientemente al concederles un falso poder para la toma de decisiones de toda índole, situándolo como el mayor acto humano de pronunciamiento, multitudinario, democrático e inclusivo. Vencer con conocimiento o meritocracia la desigualdad o cualquier obstáculo parece estar llegando a su fin, o a lo menos la bifurcación del camino está a la vista.
Con todos las contradicciones y desencantos que traen los nuevos tiempos; no debemos perder de vista que la educación es el único medio con el que contamos para hacernos seres humanos; en el más estricto rigor, siendo la educación que nos toque vivir la que nos determinará como personas. Todo el peso de lo que esto significa, involucrando una intrincada perspectiva tanto humana como productiva, evaluar la educación universitaria con relación al dinero que reporta el ejercicio de la profesión, no es equívoco, pero tampoco exclusivo. La adquisición del recurso económico forma parte de la mejora en la calidad de vida, satisfacer necesidades básicas tienen un costo económico que debe ser absorbido por el desempeño de un trabajo remunerado, allí radica la base de la promesa de movilidad social y en consecuencia de la educación profesional.
Ante los hechos, pareciera que las antiguas tradiciones de las instituciones educacionales, como niveles de exigencia, evaluaciones, disciplina y en definitiva una mirada pedagógica seria, son cosas del pasado. Sin embargo, las personas que viven y sufren en carne propia los efectos de las transformaciones, toman sus propias decisiones, por lo que no es casual observar como el ausentismo escolar y el abandono de estudios superiores seguirá en aumento, mientras crecen los desocupados que ni estudian ni trabajan y aparecen tambien un grupo de emprendedores, en áreas que ofrecen rentabilidad rápida.
Evidentemente optar por una formación profesional, utilizando recursos limitados como el tiempo y el dinero, para finalmente no obtener trabajo o precarias condiciones laborales, no es alentador para nadie. La educación debe ser útil, satisfacer necesidades tangibles como intangibles, apoyar y fomentar tanto el desarrollo productivo como el humano, eso no está en el debate. Sin embargo, si lo que buscamos es el éxito y dinero rápido la educación no responde a la solicitud, a lo menos no de manera inmediata, aunque siempre se puede hacer el estudio de mercado respectivo, eligiendo las carreras e instituciones que aún mantienen prestigio y rentabilidad a mediano o largo plazo. En cualquier caso, siempre hay un riesgo en esta evaluación, pues el cambio y la incertidumbre son parte de la vida.
La búsqueda del éxito parece a simple vista tener salidas más rápidas y fiables en el mercadeo de cualquier índole. La dificultad en este enfoque radica en que la productividad e innovación son cada vez más una indispensable fuente de crecimiento económico, para lo que se requiere contar con una población que posea las competencias necesarias. Sin ese recuso humano profesionalizado, no es posible un crecimiento económico, y sin este crecimiento no hay posibilidad ni de trabajo ni comercio decente capaz de sostenerse en el tiempo y ofrecer una real posibilidad de bienestar y desarrollo.
Ante un escenario en transformaciones, es preciso fortalecer el significado de la educación como proceso creador de personas, aceptando que la educación hace posible la humanización al transformar a un sujeto en ser humano; en efecto, aceptemos que para los más desvalidos económica y culturalmente de la población la escuela sera su única posibilidad de integración, la única posibilidad de salvarse de las garras de la distorsión que hay fuera de la escuela; finalmente, si bien es cierto, hoy la educación obligatoria y ni siquiera la universitaria son garantías de inserción laboral, si acreditan para participar en la obtención de los puestos de trabajo, y aportar al desarrollo humano, pues poner todo el valor de la educación exclusivamente en el dinero que reporta hace de las personas una herramienta de mercado barata y desechable.
Siendo asi, no parece sensato que abandonar la educación obligatoria o universitaria sea solución al problema de mejora económica. Sino más bien, exigir una de calidad a los responsables de liderar el desarrollo del país, lo que deja al estado en el centro. Ahora bien, si una vez conocidos los resultados de las transformaciones implementadas al sistema educativo, el estado como entidad responsable no genera actuaciones para retomar el antiguo orden, es evidente las personas actúen bajo sus propios criterios, introduciendo más distorsión con cuotas de anarquía; pues con promesas fallidas, y una perspectiva de futuro difícil, se instaura el todo vale, como criterio de sobrevivencia.
De retomar el antiguo cauce, el conocimiento científico para mejorar el funcionamiento y rendimiento académico e institucional, tanto en escuelas como universidades existe, no hay nada que inventar. No hay novedad en reconocer que el eje de los aprendizajes está en los contenidos y su adquisición por el alumnado, con un desarrollo competencial y gradual de los mismos. Para ello las evaluaciones son indispensables, asi como la formación docente. En cuanto al orden y disciplina, el necesario para llevar a cabo cualquier acto educativo. El respeto a la autoridad, la responsabilidad de los implicados son parte de los requisitos para hacer entrega eficiente del servicio de educación; pues no existe el acto educativo que carece de ética; es decir, de falta de consideración para con el otro.
Se destaca, que el tema de la articulación en educación, siendo conocido no termina de hacerse realidad, donde cabe no solo una articulación con los sectores productivos o externa, sino tambien una articulación interna, propia de los establecimientos educacionales, relacionando las distintas etapas de un sistema escolar con los criterios evolutivos pertinentes al desarrollo psicosocial. Otro aspecto relevante, es el establecimiento serio de criterios pedagógicos reflejados en las evaluaciones que deben respetarse al momento de promover o mantener al estudiante en un nivel de escolaridad.
La participación es otra variable de peso para la escuela, se vincula tambien con la descentralización, que permite acercar la educación a las necesidades de cada contexto social y grupo de alumnos. Aunque la demanda de participación social en el sistema educativo debe vencer dificultades, fruto de la falta de tradición en algunos casos y de la presión ideológica neoliberal en otros, es preciso avanzar en esta línea para lograr hacer de la educación escolar una actividad coherente y coordinada frente a los modelos distorsionantes que a menudo se encuentran fuera de la escuela.
La flexibilidad del aparataje estructural de la educación universitaria es fundamental, la rigidez que presenta nuestro actual sistema no se enrola con los nuevos tiempos, por lo que la alianza entre educación terciaria y empresa es fundamental para la formación profesional de calidad; permitiendo salidas y entradas al sistema educacional/trabajo de manera más expedita. Todo indica que el trabajo mancomunado entre educación profesional y empresa debe ser lo suficientemente flexible, generando un dialogo vivo con dependencias mutuas, trabajando tanto para el progreso como por una aplicación ética de este.
Como es sabido y recordado por los organismos internacionales cada vez que nos sometemos a evaluaciones; para avanzar en materia educativa el sistema requiere de una fuerza sistémica, todos los sectores de la sociedad comprometidos, pero la fuerza dinamizadora y guía del proceso involucra directamente al estado. El conocimiento científico pedagógico que existe en materia de educación entrega respaldo suficiente para llevar a cabo transformaciones con ciertas garantías de éxito. Cualquier experimento o ideología que se implemente en educación sin evidencia científica robusta, debe considerar que no solo están en juego costos económicos; sino que se arriesga el futuro de a lo menos una generación.
Por otra parte, el uso de las tecnologías entrega nuevas oportunidades y retos; cambiarán los formatos de enseñanza, los contenidos, las evaluaciones y metodologías se ajustarán a los nuevos desarrollos tecnológicos como ha ocurrido siempre. Cambian las formas, pero el aprender y enseñar, configuran una ruta de perfeccionamiento y continuidad propia de los seres humanos.
Retomando, al revisar la semántica de la frase “estudia para que seas alguien en la vida”, se puede concluir que hace referencia a una imposición social de la época que obliga a tener que estudiar para progresar, comprendiendo aquí, que el progreso hace referencia a conseguir dinero para asi comprar cosas y con ellas mejorar tu calidad de vida. En efecto, se puede desprender de esta frase, que el tener muchas cosas te hacen alguien en la vida; es decir, que, si no tienes nada material, no eres nadie.
Evidentemente hay mucho de verdad en este planteamiento, la movilidad social contiene esta idea. Donde el éxito está directamente referido al poder adquisitivo, para que con ese poder se adquieran cosas que mejoran la calidad de vida, desde una casa, medicina o lo que haga falta; sin duda el dinero forma parte del mundo en el que vivimos por lo que es ingenuo demonizarlo, asi como enzarzarlo. Desde la época de las cavernas a la fecha las cosas han cambiado, hemos perdido incluso la capacidad de sobrevivir en la naturaleza por tiempos prolongados, sin calefacción o aire acondicionado, sin comida sanitizada, ni vestuario, ni agua potable, simplemente enfermamos pudiendo morir en poco tiempo sin asistencia sanitaria.
Estudia para que seas alguien en la vida, es una frase con gran acervo cultural en pleno siglo XX, donde la educación universitaria era símbolo de superación y en consecuencia toda familia anhelaba sus hijos accedieran a dicha formación. Hoy producto de las transformaciones propias del desarrollo de la sociedad, los jóvenes y familias miran con cierto recelo la oportunidad real de mejora que ofrece la educación profesional. Como se mencionó, los bajos salarios y la dificultad de inserción en los últimos años de los nuevos profesionales pone en jaque las promesas de mejora de dicha formación; sin duda el auge de las universidades privadas y la democratización de la educación universitaria resultó ser arma de doble filo.
Este nuevo escenario obliga a reestructurar el sistema, actualizarlo; reconociendo otras posibilidades de desarrollo profesional y ser alguien en la vida. Si queremos innovación provechosa habrá que actuar en consonancia, asumiendo que la ruta al progreso no está necesariamente en la obtención de títulos universitarios, sino también en el emprendimiento, al tiempo de considerar el peso de las tecnologías en la sociedad, la que sigue una ruta en ascenso con o sin el sistema educativo.
Tambien aflora la urgente necesidad de flexibilidad para la formación universitaria, estos ciclos cerrados de formación para luego llegar a la inserción laboral hoy no se ajustan a la realidad operante. Por otra parte, esta nueva forma de desarrollo humano no desprecia a la educación como hilo conductor, sino que le brinda la oportunidad de actualizarse vívidamente. El espacio para la puesta en marcha de jóvenes emprendedores requiere un gran trabajo del estado, ampliando el foco de mejora, de educación para la vida fuera del aula universitaria, dejando claramente expuesta la absoluta pertinencia de la educación continua como herramienta necesaria.
Finalizando, y teniendo presente la frase en cuestión, “estudia para que seas alguien en la vida”, hoy nos invita a reconocer que tambien existe fuera de la universidad la posibilidad de éxito; lo que no significa de forma alguna al margen de la educación. Recordemos que en el mundo civilizado existen mínimos en educación, de allí que exista la educación obligatoria en todo el mundo que conocemos como desarrollado. Si se quiere ser exitoso y crecer en los negocios, necesariamente en algún momento la educación en cualquiera de sus formatos cobrara presencia, sea para actualizarse, innovar o satisfacer al cliente.
De cualquier manera, las transformaciones en un mundo conectado no cesan; entre guerras, globalización, migraciones masivas, desarrollo tecnológico disruptivo, crisis hídrica, cambio climático, amenaza de pandemias, una población que crece indefinidamente, una China que se posiciona como líder mundial haciendo frente a la supremacía de EE. UU; en fin, el mundo no se detiene.
Los grupos humanos actúan en busca de lo que creen les es conveniente, la lucha por la sobrevivencia se impone a cualquier reflexión, pisoteando los valores positivos de los que tanto hablamos, apareciendo estos como entelequia fruto de la imaginación humana y el empuje de la razón.
Estudiar para ser alguien en la vida, si bien contiene un llamamiento al progreso asentado en el enriquecimiento económico, no reniega ni desconoce el papel del proceso educativo en la formación de ese alguien, “estudia para ser alguien en la vida”, encarna el deseo de superación, donde evidentemente el dinero tiene un sitio en la sociedad que hemos construido.
Agreguemos a esto, que el éxito o fracaso del proceso educativo está anclado a criterios pedagógicos, mientras las decisiones que toman los estados, los gobiernos en relación con políticas públicas referidas a educación suelen desconocer dichos criterios y actuar con otros intereses, si bien válidos, distintos al quehacer pedagógico. Por lo que la responsabilidad de fracaso o éxito en educación en el nivel que sea y las posibilidades que abra para mejorar la calidad de vida no son decisiones de la educación en sí misma, esta es un recurso, una herramienta al servicio de las personas, utilizada y puesta en marcha por grupos humanos que tienen sus propias convicciones.
Los compromisos en un mundo global y democrático serán siempre compartidos, el éxito o fracaso son caras de la democracia en respuesta a sus metas y la percepción de sus habitantes. “Estudia para que seas alguien en la vida”, si bien alberga una mirada propia de herencias coloniales, donde solo los de familias de alcurnia tenían acceso a una educación, hoy día podemos reconocer en la frase, que incluso literalmente no deja de sostener el valor de la educación para las personas. Hoy, si bien existe progreso y posibilidad de mejora o de ser alguien en la vida, sin la universidad, no existe tal posibilidad sin la educación; pues educación sera siempre una inquebrantable construcción del ser humano, donde los saberes y actitudes que se transmiten desde la escuela se impregnan por sucesos contingentes que atañen a la vida de las personas; por lo que educación no se reduce a un saber o un saber hacer; sino más bien, a tener la convicción para decidir qué hacer con lo que se sabe y deseas preservar.