PERDIDA DE SENTIDO EN EDUCACIÓN POR UNA SOCIEDAD CAUTIVADA POR LA PROMESA DE ÉXITO ECONÓMICO

PERDIDA DE SENTIDO EN EDUCACIÓN POR UNA SOCIEDAD CAUTIVADA POR LA PROMESA DE ÉXITO ECONÓMICO

Siendo la educación una actividad exclusivamente humana, constituye un
apartado estratégico para el desarrollo de las naciones. El nivel civilizatorio se
traduce en niveles de instrucción, comprensión y formas de vida de los habitantes
de un determinado territorio geográfico. Así, el grado de entendimiento y la
perspectiva de vida de las personas encuentra correspondencia en la educación
que reciben, pues la vida en democracia tal como hoy la conocemos en la mayoría
de las naciones occidentales, constituye el fundamento, evolución y extinción, no
solo del recurso tecnológico; sino de la manera en que se experimenta el vivir y
morir en el grupo humano al que pertenecemos. Estos elementos, células madre
de la sociedad son recogidos en el currículum educativo, implícita o explícitamente
encuentran materialidad en la entrega de contenidos, es aquí, donde el lado
humanista del currículum se releva, pues será desde donde el dominio de la
técnica del momento y el modelo de convivencia que este propone deberán ser
cuestionados, analizados por el educando, haciendo uso de nuestro patrimonio
identitario como seres vivos; una reflexión consciente.

Desde que la educación está integrada de manera formal en la sociedad con la
constitución democrática de los estados; esta, forma parte activa dentro de la
dinámica colectiva propia de una época, un espacio geográfico y un grupo humano
particular, interviniendo en las interacciones propias de todo quehacer complejo
involucrado en la realidad de los pueblos y su transitar histórico. Si bien en la
sociedad existen y han existido paralelamente organizaciones educativas no
formales; es decir, no sometidas a marcos normativos gubernamentales, estas
siempre se someten a detecciones de carencias o deseos de un grupo de
personas, en relación a las pretensiones del momento de una realidad espacio
tiempo concreta; expresando perspectivas de mundo que cobran realidad a
través de ideas, conceptos, desarrollo técnico científico y de un sentir humano,
que consecuente a niveles de conciencia y reflexión se anidan y fecundan en la
persona, desencadenando en algún momento movimientos que cambian el curso
de la historia y en efecto de la educación.

En consecuencia, ha sido el propio curso del devenir histórico social lo que ha
generado que la educación pierda sentido, siendo otra víctima de una sociedad
cautivada por la promesa de éxito económico del mercado. Siempre se buscan
responsables externos en el intento de aminorar las responsabilidades, es asi
como el papel de víctima resulta más llevadero; sin embargo, con todos los
registros y datos de nuestro existir en pleno siglo XXI, es bastante sospechoso
que como sociedad sigamos sosteniendo el papel de víctima inocente; pues más bien pareciera que frente a la promesa de riqueza individual del mercado,
ofrecemos todo lo que tenemos, traicionando nuestra propia dignidad y con ello la
esencia de la educación en su significado original; formadora de seres humanos
capaces de decidir en libertad en pro de un progreso sostenible para todos.

Ahora bien, consideremos que en este devenir existencial toda nuestra cultura ha
sido elaborada dentro de la premodernidad, en esa época la gente estaba en
contacto con la naturaleza, viviendo cerca de sus seres queridos, los valore de la
familia eran fuertes, tradicionales y protegidos al extremo. El rey era quien ejercía
la soberanía por delegación divina, siendo ante todo justiciero, pues la justicia
procede de Dios en último término. En consecuencia, el poder de la iglesia católica
no era menor, siendo considerado el hombre criatura de Dios y en efecto
representante de la magnificencia divina en la tierra, su actuar estaba regido por la
ley de Dios que duramente fiscaliza la iglesia con la complicidad del rey, como
digno y único delegado de Dios. En aquel tiempo la Iglesia actuó también como un
referente cultural, guardando en los monasterios todo el saber de la época, con la
copia de libros y de conocimiento por parte de los monjes medievales, fundando
las escasas escuelas que existían y, también, con su inversión en arte para
predicar la palabra.

Esta época encontró su fin seguramente producto del mismo deterioro de ese vivir
marcado por carencias y arbitrariedades. Así, arriba la modernidad cambiando el
rumbo de la historia, desterrando a los señores, al clero de la iglesia y a Dios;
habiendo estos marcados a fuego el sometimiento de la humanidad, ahora será
entonces la era de la modernidad la que anunciará la buena nueva con nuevas
perspectivas para la eterna promesa de una mejor vida para el pueblo. Llega el
tiempo de la razón, el conocimiento científico y la técnica; se desecha el rito y se
sustituye por la tecnología, Dios ya no explica nada, solo la ciencia entrega
explicaciones válidas y concretas; causa y efecto muestran el origen y el fin,
fomentando la búsqueda de eficiencia, criterio que levanta y valida la competencia
y mercantilización.

En ese transitar hasta la actualidad, hoy la toma de decisiones pasa
necesariamente por la búsqueda de la eficiencia técnico-científica; desde
personas, cosas e instituciones sean públicas o privadas, ni la iglesia escapa a
ello. Esta búsqueda de eficiencia es el argumento sistemático racional que
sostiene la comercialización en un mercado global. La sociedad se transforma en
ese mercado global, cuya finalidad conquistada por la racionalidad práctica es la
conquista del bienestar social, siempre en pro de la eficiencia, representando la
expresión de la civilización occidental como una cultura del progreso estructurada
con las ideas-ejes de libertad, igualdad y justicia regida por una moral civil.

Si bien la modernidad supuso en su camino una oleada de transformaciones de
ámbito mundial; la industrialización, el desarrollo de medios de comunicación
masiva, el surgimiento de la clase empresarial, la burocratización, la
secularización y la producción en masa, siendo hoy lo preponderante y un tanto
inquietante la evolución y omnipotencia de las tecnologías. Actualmente
sumergidos en este proceso natural de antropogénesis, que hoy día podría
entenderse como postmodernidad, la sociedad se mueve por el mercado bajo el
programa del pensamiento clásico del liberalismo; oportunidad, igualdad, beneficio
y competencia. Asi, los individuos tienen la oportunidad de acceder a los bienes a
partir de mantener entre sí condiciones de equidad para disfrutarlos de manera
personal en el marco de la demostración de las capacidades individuales en el
mercado.

Este planteamiento del progreso presupone un desarrollo armónico de las
sociedades; sin embargo, la cotidianeidad de nuestros tiempos es más bien el
sobresalto y el conflicto. La tensión de intereses marca la dinámica de la
racionalidad del progreso que cuestiona al proyecto, existiendo una evidente
separación entre discurso y práctica.

Todo está resumida y sesgada descripción de los tiempos no es mas que para
dejar en evidencia que los sucesos están siempre bien concatenados, nada es a
decir verdad producto del azar, corroborando que para que exista un efecto
identificable hubo una causa, quizás en su expresión primera no es posible su
identificación, pero al mantenerse la tendencia el efecto se materializa y entonces
ya la ciencia podrá hacer uso de los datos que siempre serán sujeto de
interpretaciones ancladas a miradas o puntos de vista que por naturaleza humana
carecen de la tan alardeada objetividad.

Hoy habiendo deshabitado los espacios de reyes, dioses y ritos; se levantan otras
entidades que de una forma más sofisticada adecuada a la época realizan sus
evaluaciones y emiten sus veredictos cual designios para la organización del
mundo occidental. Aquí aparece la Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económico (OCDE), la entidad encabeza los esfuerzos para
comprender los nuevos progresos y preocupaciones, y ayudar a los gobiernos a
responder a éstos, generando hojas de ruta para los países que lo integran, lo que
incluye ajustes comerciales y estructurales, seguridad en línea, y los desafíos
sobre la reducción de la pobreza en el mundo en desarrollo.

Teniendo nada menos que el objetivo de promover políticas que mejoren el
bienestar social y económico de la población mundial; por lo que pertenecer al
club es cuestión de urgencia, asi como lograr las cifras que la entidad propone
como mínimos necesarios para estar en vías de un desarrollo acorde a los
tiempos. Siendo asi, no estar en la lista de los integrantes de la OCDE nos dejaría literal y formalmente en una categoría que nos hace menos competitivos en el
mercado, situación que no vaticina prosperidad económica por lo que no se
considera deseable.

Educación siempre ha sido un aspecto relevante para la OCDE, la alineación
permanente entre las recomendaciones de la OCDE, el Banco Mundial y el BID
deja al descubierto una cohesión de los actores internacionales y multilaterales a
favor de una mirada única en educación pública, que tiende a desmantelar los
sistemas educativo y borrar el sentido del derecho a la educación pública y
sustituirlo por un conjunto de cursos para el empleo, diseñados a medida del
mercado. Dicha propuesta ha sido categóricamente cuestionada por entidades
como el Observatorio Latinoamericano para políticas públicas (OLPE) en su
estudio 2023, quien expresa reiteradamente que la OCDE no reconoce en sus
documentos el papel del estado en la responsabilización y liderazgo de los
sistemas educativos, proponiendo un entramado institucional internacional
alrededor de una agenda que abre el portillo para la profundización del
debilitamiento del sistema educativo público a favor del comercio educativo. Según
lo plantea la OLPE, esto deja sobre la mesa la discusión de que, siendo las
políticas de la OCDE de acatamiento necesario para los países miembros,
América Latina debería revisar el aumento de la membresía de países
latinoamericanos a la OCDE, es decir, el aumento de la incidencia en la política
pública de una organización que ha impulsado y promueve condiciones favorables
al comercio de la educación pública.

Evidentemente, toda crítica y propuesta pasa por el tamiz no solo mercantil hoy
día, sino también político e ideológico; donde el marco social que subyace en la
toma de decisiones donde se desarrolla la acción levanta necesidades y
propuestas que dejan desplazado incluso al experto, de los que por cierto son
nuevos frutos del contexto, existiendo en abundancia y variedad. Asi la toma de
decisiones sigue su cause, bien amparada en sociedades democráticas que
cuentan con personas que ostentan representación soberana del pueblo, al haber
sido elegidos en elecciones democráticas. Sera esta característica la que
necesariamente nos lleva a preguntar qué tan informados y educados están estos
votantes al delegar su derecho a decidir; pues si las personas en calidad de
ciudadanos activos perdemos el horizonte del vivir y convivir en una sociedad
democrática; donde prima el sentido de lo común, colectivo con aspiraciones de
promover la universalidad de conceptos como hilo conductor para la mejora en la
vida de todos, el asunto se complejiza aún más, y la toma de decisiones puede
quedar conducida por criterios que nos alejan no tan solo del sueño de la
democracia sino de lo único que como personas no puede tener precio, nuestra
dignidad.

Asi, al visualizar la complejidad del entramado que teje dando forma y contenido a
la sociedad, el rol de la educación como formadora de personas no es posible
quede sometida o cautiva por intereses ni del mercado ni otro que prescinda de
empoderar a las personas de habilidades, saberes y un sentir que fomente el
desarrollo como recompensa. Lograr que los seres humanos posean inquietudes
que los lleven a un constante afán por mejorar, con un pensamiento abierto,
tolerante, liberal, con un gusto cultivado y con un bagaje de conocimientos y
métodos que les permitan conseguir el tan ansiado bienestar social.

Si bien todas estas palabras carecen de absoluta originalidad y forman parte del
discurso ya algo rancio por el tiempo que llevan resonando; si, es posible decir
que mantienen absoluta vigencia desde la mirada del mundo educativo que
considera que sin humanidades el ser humano no tiene razón de ser; sin
educación estamos perdidos. El proceso educativo no es sino el de la vida misma
y ésta es ante todo crecimiento y desarrollo personal y entonces colectivo, siempre
dinámico nunca acabado, ni mucho menos predeterminado.

Dando materialidad práctica a la palabra ya tan repetitiva, es necesario esclarecer
sin dobleces dos características importantes; primero, la educación no da trabajo
ni asegura puestos de trabajo, como sistema formal capacita y habilita otorgando
credenciales que permiten el acceso al mundo laboral, situación que alberga
peligro cuando se transforma solo en una entidad o sistema que imprime
certificaciones burocráticas que validan el desempeño de una determinada
función, la que fuese. Aquí el tema de calidad en educación, de lo que tanto se ha
escrito y hablado. La educación debe empoderar a la persona no solo para que
hagan lo que deba hacer en términos funcionales, sino que deben también ser
capaces de valorar los procesos y sus consecuencias, aportando críticas
reflexivas en la línea de la mejora del vivir hoy con proyecciones de futuro. La
educación tampoco da dinero, no es garante de prosperidad económica, el salario,
la recompensa económica que se pueda obtener por los servicios prestados es
asunto del mercado, donde opera la ley de la oferta y la demanda, acompañada
por las leyes del país que protege el empleo y los trabajadores; sin embargo, el
peso del mercado se hace prioritario.

Reconociendo que la educación no garantiza ni trabajo ni dinero, defender y
promover la educación en los jóvenes con el apoyo de la familia, es hoy tarea
dura, pues pareciera que fuera solo alimento para el alma, para una consciencia
que no tiene espacio físico de realización en un mundo manejado en esta
dimensión tiempo y espacio en la que existimos. En espera del equilibrio entre
educación y mercado, entre poder económico y educación, han sido y serán
generaciones las que vivan los frutos del desencuentro.

La meta del avance sostenible de los pueblos o lo que es lo mismo, el desarrollo
humano de nuestra civilización tiene como causa y efecto el progreso de la
conciencia individual y colectiva, constituyendo el único pilar conocido para lograr
tal objetivo. Mientras la educación y el grupo humano que conforma la vida en
sociedad sean presas cautivas de la promesa de prosperidad económica del
mercado, la distorsión del mundo penetra la educación y corrompe a sus
habitantes. Si bien los bienes materiales son necesarios y deseables para el vivir
de todos los seres humanos, asi como contar con la satisfacción de las
necesidades básicas como en principio propone Maslow, el acto educativo y su fin
no pretende hacer de la persona mártires ni mendigos sabios; sino relevar lo
importante, como es la capacidad de decidir en libertad su vivir y proyección de
futuro. La libertad escapa al mercado y todo su marketing, decidir en libertad es
decidir en conciencia, distinguiendo lo que nos hace daño de lo que nos enferma,
denigra y mata como especie, como personas y sociedad.

De momento, encandilados por el brillo del éxito y confiando en que el acaparar
dinero es la única garantía de buena vida, seguiremos como gusanos, seres
rastreros que con la cabeza pegada al suelo comen y escupen tierra, incapaces de
levantar los ojos para ver más allá. La mariposa antes de tener alas y volar fue
crisálida; haciendo una analogía pudiera ser que no solo sirva de consuelo, sino
que albergue una etapa evolutiva en nuestra existencia. Hoy atrapados cual
crisálida en una capsula que cuelga de un péndulo, representado por el poder del
mercado, metamorfoseamos, mariposa no seremos nunca, pero la exposición a
los efectos que vivimos puede aportar la partícula de luz para incitar el salto
cuántico que postulo Roger Penrose en la década de 1990, donde propone una
respuesta ambiciosa al afirmar que el sistema neuronal del cerebro forma una
intrincada red y que la conciencia que produce debería obedecer a las reglas de la
mecánica cuántica, la teoría que determina cómo se mueven partículas diminutas
como los electrones.

La educación como herramienta intangible al servicio del ser humano no es juego
ni poesía, sino materia de trabajo racional y razonable, pudiendo ser manipulada
para intereses ajenos. Darse cuenta de ello, involucra a la misma educación en
esa responsabilidad inapelable de educar, entregar y sacar del otro lo mejor, lo
que le sea útil en el buen sentido de la palabra, a la persona y a los que
conforman su ecosistema en una sociedad democrática que mira al futuro con la
confianza en la mejora.