educacion gratuita y de calidad
- elparnasoeducativo.com
Yo misma he repetido esta frase que a través de la historia se ha levantado con fuerza en distintas épocas, ligándose al sentimiento de abandono y engaño instalado en sectores de la población. Si bien cada tiempo tiene sus propias maneras de expresión primando hoy las redes tecnológicas; lo que no cambia son la naturaleza de los descontentos, expresando los mismos dolores, ideas y anhelos. Siendo los sectores más pobres de la población los que reclaman la falta de atención y abuso; en consecuencia, es desde la periferia donde se levantan movimientos que apuntan al centro de la organización sociopolítica del modelo.
Hoy más que ayer, esa periferia que levanta reclamos de grupos humanos es expuesta a la ciudadanía como fuente de inspiración para la mejora, haciendo de lo periférico centro en la toma de decisiones. Difundiendo desde la retórica la idea de la escucha atenta, generando la ilusión de dilución jerárquica del modelo de organización imperante, tanto en su forma como en su contenido. Los discursos actuales se caracterizan por mostrar esa apertura haciendo un uso en ocasiones populista de la emoción frustrada. Sin embargo, los criterios de crecimiento y desarrollo siguen siendo los mismos; eficacia y éxito económico, ambos sujetos al mercado, camuflando en muchas ocasiones intereses egocéntricos de conductas altruistas.
Por otro lado, no podemos pasar por alto que los criterios de evaluación para la mejora no impactan a unos y otros de manera equivalente; el entramado social ha tejido sus normas y tradiciones, operando del mismo modo que en la naturaleza, donde no es lo mimo aparecer en la escena siendo “ratón” o “águila”. En definitiva, el origen socioeconómico marca y condiciona el futuro de la persona, el avance de las clases sociales aún arrastra la distinción socioeconómica de cuna. Donde se destaca, que serán las experiencias de vida a las que se tienen acceso, propias de un contexto, las que marcan la diferencia dando estatus y niveles al ser humano.
Si bien la educación dota de acreditación profesional con mayor cobertura a la población hoy en Chile, no disuelve las diferencias sociales, sino que las enmascara. En definitiva, la apertura del centro integrando a la periferia sigue siendo un deseo, pues ni la periferia ni el centro evidencian contar con herramientas robustas como para llevar a cabo una reestructuración del modelo socioeconómico. También es cierto, que el sistema educacional requiere saberes actualizados, la técnica propia del tiempo; lo que no significa de manera alguna que prescinda del análisis valórico en la toma de decisiones, considerando lo que le otorga sentido, al tiempo de aplicaciones concretas para el mundo educativo, impactando en la construcción del mundo que aspiramos como seres humanos.
Cuando en Chile encontremos la manera de erradicar la relación del estatus socioeconómico de nacimiento de las personas, con el juicio que se hace y las posibilidades que se dan para el desenlace de las mejoras del vivir, entonces habremos avanzado en la educación que merece la pena mantener. De momento estamos en la búsqueda del acuerdo, y allí la educación con su idea fundacional de productora de seres humanos se pierde y se desperfila por ser útil a intereses ligados de poder. Ahora bien, asumiendo la trascendencia de lo que ha significado la educación en el vivir de las personas, es natural que siempre sea bandera de lucha para los distintos sectores que se disputan el dominio, pues la formación de mujeres y hombres con determinadas concepciones de mundo son parte fundamental del proyecto país que busca la hegemonía.
Tampoco se puede pasar por alto, que la experiencia del engaño que acusan sectores de la población siembra sus propias semillas, resentimiento y desconfianza brotan; aunque sin desistir del anhelo de progreso con la esperanza que no renuncia a que la descendencia tenga mejores condiciones y posibilidades para su vivir. Sin embargo, luego de sentir la estafa, es difícil no surja la idea de cobrar la repación, abonando un sustrato emocional que marca y aguarda, abierto a la seducción de la revancha, reiterando los criterios de poder y lucha que han caracterizado nuestra historia evolutiva.
Con todo, la mejora en la calidad de vida es siempre una meta inalcanzable donde el límite no existe, el avance del ser humano coloniza territorio más allá de lo imaginable y sin detención. En efecto, la promesa de mejora desdeñada por el abuso se transforma en argumento suficiente para validar la violencia, incluso la muerte. En este contexto, la ley de la rivalidad se hace danza cotidiana, reemplazando el entendimiento dialéctico de las nuevas evidencias culturales por el placer enfermo que concede la venganza.
Si bien en los últimos años se instaura la eficacia de la técnica como criterio de éxito en todos los quehaceres, no se extingue ni agota la interpelación de la conciencia, que aún algo dormida, en ocasiones aparece instigando un cambio en la toma de decisiones en la línea de lo que reconocemos instintivamente como importante, restaurando el valor de una educación que da trascendencia a la existencia, traspasando criterios de eficacia tecnológica.
Hoy, la idea de una educación gratuita y de calidad aun siendo manoseada por intereses ajenos, continúa manteniendo su valor elogiable, una valía que se enmarca en la antropología social de nuestro pueblo, exhibiendo la carga emocional asociada a la experiencia de vivir en un determinado lugar, tiempo. Cada sujeto pertenece a un relato que comparte con otros; por lo que la historia la escribimos todos juntos. Sera ese acontecer acotado a ese espacio de tiempo el que otorga un significado legítimo a la idea, a la forma de vivir, convivir y morir; pretender universalidades sin historia, sin tiempo, es desconocer la fragilidad de la condición humana.
La educación no es moneda de oro que transforma lo que toque en tierra fértil, siendo una construcción humana responde a unas ideas que tendrán valor al tiempo al que pertenecen. El análisis retrospectivo que busca comprender, explicar antiguas maneras de hacer y ser requiere necesariamente un trabajo hermenéutico que permita reconocer su momento en la historia para reinterpretar su valor, ajustándolo a las nuevas evidencias culturales y científicas que hoy se presentan.
Siendo asi y como antesala, aparece como condición civilizatoria sine qua non un discernimiento que enuncie con total transparencia tanto sus fines como los medios que utilizará para la consecución de sus metas. Pues la gratuidad en rigor no existe, alguien siempre debe pagarla; hay costos económicos y sociales, también hay anhelos, algunos loables y otros encubiertos. Hay trampa y error, no solo en las ideologías sino también en deseos corrompidos. Atendamos entonces, a que las buenas intenciones pueden no ser más que declaraciones convenientes para satisfacer egocentrismos camuflados, donde incluso la proclamación de libertad se utiliza como excusa suficiente para el abuso, el revanchismo y subordinación desmedida de unos por sobre otros.
Un ajuste, una actualización, no significa partir de cero eliminando lo existente, modificando el corazón del proceso educativo. La madre no deja de serlo por trabajar fuera de su hogar, el amor no es menos valioso porque surja entre personas que se conocen a través de dispositivos tecnológicos, las diferencias de sexo o género no son criterios de validación, una mujer no deja de serlo al decidir no tener hijos. El ajustarse al mundo en el que se vive en convivencia, requiere revisar constantemente los fines y medios de realización del proyecto educativo. Si bien se modifica el paisaje en la historia mostrando otros escenarios, no cambia la manifestación de la naturaleza humana con sus valores y una conciencia que interpela en la búsqueda de la mejora constante.
Atendamos también, a que, si el afán de la actualización nos lleva a poner el acento exclusivamente en el manejo de la técnica, corremos el riesgo que persistentemente ha estado presente en el proceso de evolución tecnológica; el de servir a la maquinaria productiva sin más, formando trabajadores capacitados para el desempeño de determinadas labores. El desarrollo tecnológico siempre ha generado dificultades, el temor a la pérdida de empleos, el periodo de ajustes en el medio genera angustias;pero la continuidad se impone y el horizonte sigue siempre más lejos. Desde el herrero que blindaba las patas del caballo hasta el automóvil las cosas han cambiado, hoy el herrero es mecánico, su especialización apunta a la de circuitos altamente tecnificados. En educación pasa lo mismo, pues no es cuestión de anquilosarse en el pasado y seguir educando en forma y contenido tal como se hacía hace 50 o siquiera 10 años atrás, con la excusa de que se están formando personas y no trabajadores para la maquina productiva, discurso que también distorsiona al diluirse con ideologías políticas que tienen sus propias metas.
Con todos los frentes que exigen vigilancia, somos potencialmente capaces de evolucionar y con ello mejorar la vida en el mundo que habitamos para todos con los que compartimos este espacio, asumiendo que nuestras dinámicas relacionales trascienden lo íntimo y familiar, construyendo mundos que impactan en el medio ambiente asi como en la consciencia de los más jóvenes; que sin lugar a duda se educan en el vivir en convivencia. El futuro no es de los jóvenes, sino de los mayores que educan a la descendencia en forma y contenido aun sin darse cuenta, pues todos aprendemos en el convivir cotidiano que no solo condiciona, sino que es capaz de determinarnos.
La evolución de la técnica podrá tomar diversas formas y líneas, pero serán las personas las que deben elegir en qué sentido avanzarán. La formación de seres humanos es el centro de la educación; cultivar conciencias en la línea de lo que nos resulta importante, eligiendo en libertad las convicciones que nos den significado al vivir como queremos vivir y morir. Podemos elegir, la reflexión como capacidad propia y única de nuestra especie siempre nos cuestiona, será la educación que recibamos la que nos guie en la línea de lo importante, llevándonos constantemente a la revisión de nuestras decisiones, será esa revisión honesta, el diálogo vivo con el entorno lo que nos ayudará a acomodar las piezas y sin perder lo trascendente del proceso educativo incorporar las nuevas evidencias culturales, los nuevos saberes y técnicas, siempre al servicio de lo central; la formación de mujeres y hombres que caminan juntos en la construcción de una mejor experiencia del vivir que convive.
Así, la gratuidad solo existirá en la medida que como sociedad seamos capaces de comprender, aceptar y proteger la formación de nuestros jóvenes en un entorno de amor y verdad, pues ambas son inseparables. Solo asi el asunto económico puede ser flanqueado, de otra forma seguimos atrapados en la competencia burda; donde si la educación no da estatus, éxito económico no sirve, donde la dignidad de las personas se difumina y todo queda al beneplácito del mercado.
Una educación asentada en la técnica, en el criterio de eficacia, en el desarrollo de la inteligencia artificial, contiene peligros que atañen a nuestra libertad, si sedemos la toma de decisiones a las máquinas tendremos que aceptar los costos, será nuestra decisión deliberar y consensuar hasta donde la protección de la libertad y los derechos pueden ser abordados por las nuevas tecnologías. Si perdemos el horizonte y nos dejamos maravillar por las soluciones rápidas y eficientes en apariencia, corremos el peligro de abandonar al ser humano en su trabajo de superación como “ser humano” provisto potencialmente de la capacidad de decidir en la línea de lo que estime justo más que próspero, razonable más que eficaz, humano más que conveniente.
Una educación gratuita y de calidad requiere no solo contenidos guiados por el saber científico tecnologizado, cuestión que es de agradecer y debe evidentemente ser utilizada, de otra forma se perdería la concreción aplicada en la búsqueda de la mejora; pero no podemos olvidar que todo saber es herramienta, no fin. Nuestra valía como especie no radica en nuestra inteligencia entendida como la toma de decisión más eficaz; sino en la posibilidad que tenemos de usar la reflexión para decidir en libertad, asumiendo no hay libertad sin conciencia.
En consecuencia, podemos decidir en la línea de lo que estimamos nos hace mejores personas sin marginarnos de la prosperidad económica. Tarea difícil, ya que constantemente tenemos el reto de autosuperación, enfrentándonos a nuestros propios deseos egoístas de éxito y poder, para ponernos al servicio de un crecimiento más sistémico y en sintonía con el entorno. De momento pareciera que la satisfacción de deseos y necesidades tanto reales como inventados por el tipo de desarrollo basado en el consumismo y la individualización nos guían y nos impulsan.
El trabajo educativo deberá tomar nota de las concreciones que se observan en el mundo, desde los desastres naturales, avances científicos, resultados de las democracias, incluyendo las guerras que están hoy en desarrollo; todas estas realidades deben generar contenidos, debates, conversaciones, espacios de aprendizaje que guíen la toma de decisiones en pro del desarrollo humano, económico y sostenible, solo asi tendremos una educación de calidad. El mundo y sus criterios son construcción humana, si la educación renuncia a su tarea de ser formadora de seres humanos capaces de decidir y distinguir lo que nos hace mejores, dejamos que otros agentes se impongan, los que lógicamente tienen sus propias aspiraciones, mostrándonos realidades simplistas, para asi crear mentes también simples, y en consecuencia fácilmente manipulables.
La construcción de mujeres y hombres debe ajustarse a las nuevas evidencias culturales y trabajar para hacer realidad una educación de calidad basada en competencias, es decir, una educación que entregue conocimientos útiles para comprender y actuar en el mundo real que nos toque vivir.
A continuación
Un extracto de un artículo que refleja motivos posibles de la comentada victoria de Donal Trump como presidente de los Estados Unidos el 6 de noviembre 2024. Sin duda el periodista recoge e interpreta su experiencia; sin embargo, las palabras de los entrevistados reflejan el valor y trascendencia de cómo sus experiencias de vida conducen sus anhelos, determinando su disposición sin renuncia a obtener una mejor calidad de vida.
Se destaca del articulo la recogida de expresiones sentidas producto de una experiencia de vida que da razones para actuar o votar como es el caso. Dicen, “Estados unidos nos hizo personas”, entendiendo en su relato que recobraron su dignidad por medio del trabajo que les reporta dinero, y con ello la capacidad de vivir en el disfrute de la vida. Como síntesis, no están dispuestos a poner en riesgo lo conseguido, sino a seguir avanzando en esa Era dorada que promete Donal Trump. Siendo asi, pareciera que la “sociedad del consumismo” se impone por sobre ideales valóricos, pues Trump ha sido expuesto al mundo con un cúmulo de acusaciones que ponen en serio cuestionamiento su ética y moral.
La capitalización del descontento siempre ha dado réditos al que sabe tirar de estos hilos. La toma de decisión se complica en el terreno cotidiano, nada resulta tan claro y los valores son moldeables al medio y las necesidades que este propone. La teoría de la disonancia cognitiva hace referencia a la tensión interna que sufre una persona al tener dos cogniciones simultáneas, “el deber ser” y “el ser” se enfrentan, donde la emoción que siempre acompaña y guía la realización de la conducta sirve de sostén para reducir dicha disonancia, encontrando en ella justificación para decidir en qué sentido actuar.
A la vista queda que el problema no radica en la emocionalidad, dimensión natural y siempre presente en el ser humano como telón de fondo en su actuar, sino en cómo permitimos esta sea manipulada, delatando con ello las debilidades de la educación que nos forma y transforma.
Los trumpistas en el pueblo de Donald Trump – 2024
Por: Colomé, C. (2024, 07 de noviembre).
Llegaron de Cuba y están convencidos de que este país los hizo personas. Les agradecen y tienen razón en su agradecimiento. En su país les dijeron que no servían para nada, pero llegaron acá y se hicieron de un oficio. Estados Unidos los convirtió en clase media, les puso en las manos las herramientas y los hizo plomeros, constructores, electricistas de la Florida Power & Light Company. Luego tuvieron una familia. Dejaron de ser maridos infieles y ahora llegan temprano a la casa, celebran Halloween, compran pavo en Thanksgiving y siguen poniendo el congrí y el cerdo en la mesa de fin de año. A veces dicen que no les gusta el congrí o el cerdo, en un afán de reafirmar que sin dudas el tiempo los ha convertido en otras personas. Les gusta proveer. Ahorran para pagar las cirugías estéticas de sus esposas y las universidades de sus hijos. Compran una primera casa, compran una segunda.
Trabajan, trabajan, trabajan. Están convencidos de que los mexicanos son unos delincuentes, los venezolanos unos vagos, los nicaragüenses unos indios, los boricuas unos vividores, y si no tienen lo que necesitan es porque no trabajan. Apenas descansan, hasta que lo merecen. Llegan al viernes agotados de la faena de la semana, el sábado van de paseo al Dolphin Mall, el domingo hacen barbecue con la familia. Los días de diversión salen en yate, se van a una cabaña en Tennessee, celebran cumpleaños en Orlando.
Hace tanto que son ciudadanos que ya no se acuerdan del bote en que llegaron a Key West, o del día que ganaron la lotería de visas, o la frontera que cruzaron, de que durmieron en el auto, de que limpiaron pisos, de que no les alcanzaba el salario, de que los ayudaron. Con los años les da igual si cierran la frontera por donde entraron. Han prosperado. Han triunfado. Han tenido un accidente y el seguro los ha compensado. Detestan a la gente que fuma marihuana, ellos, que lo consumieron todo, pero que ahora ven la televisión en familia, porque lo más importante es la familia. Como para Trump, cuyos hijos lo adoran.
Manejan truca y no entienden del Tesla, un auto pensado por los republicanos que usan los demócratas, mucho menos en el ahorro de la gasolina o la emisión de dióxido de carbono. Creen, de hecho, que es la única falla de Elon Musk. De Trump les gusta el patriotismo, el nacionalismo, el populismo y su supuesta libertad, pero no lo explicarían con ninguno de esos conceptos, sino con los de dinero, inflación y anticomunismo. Se ríen si Trump se sube a un camión de basura, pero se enfurecen si a Harris le sale una prima mexicana o si repite, casi como una mueca a ellos mismos, que viene de una familia middle class y que su mamá la crió en un departamento de una sola habitación.
No por trumpistas son gente que no piensa y saben que, a la larga, ni Trump se hace los cortes en la barbería del Bronx y que da igual si Harris trabajó en McDonald’s, porque la distancia entre Trump y Harris es más corta que la que los separa de ellos. A veces son violentos, a veces benévolos. Critican a los que reciben ayudas, no les gusta pagar taxes. Escuchan cuando Trump desprende odio hacia los emigrantes como ellos, pero siempre creen que son los otros. No permiten que digan que Trump es un dictador. A Hitler casi lo justifican. Creen que no hay una razón para votar por los demócratas, cuando todos sus biles solo han subido en los últimos cuatro años. Defienden la libertad, pero apelan a la cancelación del otro casi todo el tiempo.
Otro señor está convencido de que algo cambiará en Cuba con Trump como presidente. Desde que se fue del país hace 50 años, solo volvió en dos ocasiones: para enterrar a su papá y para enterrar a su hermano. Una mesera vio llegar a la congresista republicana María Elvira Salazar. El congresista Carlos Jiménez también se personó en el restaurante. Había decenas de carteles de “SOS Cuba”, “Patria y Vida”, alguien gritaba que abajo el comunismo. Por un momento se nos olvidó dónde estábamos, si a favor de Trump o en contra de los Castro, y si en realidad había ahí alguna persona de derecha o de izquierda, o qué éramos a la larga. Pasadas las nueve de la noche ya casi era imposible que Trump no fuera el ganador. Unas horas después lo verían aparecer y decir en la televisión nacional que ahora de verdad comienza “la era dorada de los Estados Unidos”. Estaban seguros de que votaron por el mejor, y ahora lo están aún más.
Nota: el articulo completo se puede encontrar en:
Colomé, C. (2024, 07 de noviembre). Los trumpistas en el pueblo de Donald Trump. Elecciones en estados unidos, opinión.
El país. https://elpais.com/us/2024-11-07/fueron-migrantes-y-votaron-por-trump-en-florida.html