AXIOMA DEL SER PARA EL HACER PARTE N°1

Reconociendo que fuera de la educación estamos perdidos; constituyendo esta la posibilidad concreta de hacernos personas al despertar consciencias con la indagación de conocimientos que nos permitan identificar; primero, criterios dignos de nuestra condición como seres humanos, para desde allí abrir entendimientos que guíen la toma de decisiones en la línea de lo que nos hace bien como individuos y sociedad. Siendo así, resulta significativo y hasta controversial dar respuesta a la pregunta de qué es lo que debemos transmitir como soporte y fundamento educativo en la escuela, universidad, familia y a lo largo de la vida.

La respuesta a esta pregunta nos remite a dos aspectos, uno que ya ha sido abordado denotando la columna vertebral de lo que constituye al ser humano en esencia, un sujeto capaz de darse cuenta por sí mismo de que es responsable de sus actos y sus consecuencias, tanto para con él, como para otros, unos otros que talvez viven en otro barrio, en otra ciudad, país, época o continente; sin embargo, al tomar conciencia que ocupamos el mismo planeta y en efecto pisamos la misma tierra y nos cubre un mismo cielo; nuestro destino está conectado de manera tacita sobrepasando la apariencia explícita. Dicho esto, en términos generales de la materia que nos da estructura en el territorio que habitamos y no como abstracción poética. Esta afirmación no pretende perderse en el buenismo, sino en un llamado de atención a las ideas que materializamos, a los fines que nos proponemos y que terminan diseñando el entorno en donde desplegamos el vivir.

Otro aspecto que participará en la arquitectura de la respuesta recae en la jerarquización de ideas, contenidos y objetivos. Establecer un orden, niveles en la toma de decisión respecto a los fines que se muevan en torno al centro, definiendo metodologías y concreciones que así lo denoten, superando objetivos transversales que, por estar en teoría en todas partes no aparecen por ningún lado. Siendo así, tocará definir un centro que articule en la práctica el conjunto de criterios estimados, advirtiendo que cada uno de ellos podrá abrir nuevos enfoques según la realidad donde se aplique; por lo que será necesario estar en constante seguimiento, valorando e incorporando evidencias sin perder el hilo conductor del sistema. Procurando mantener el significado de soporte estructural de los criterios que están fuera del núcleo, sosteniendo e impulsando lo definido como principio fundamental, representando un manantial fresco para el sistema.

Se hace vital que la educación como único mecanismo regulado con el que cuenta el país para apoyarnos en nuestra autoconstrucción asuma con perspectiva de futuro su corresponsabilidad en la cimentación de mujeres y hombres conscientes de decidir en la línea de lo que nos hace bien como humanidad, como familia; rompiendo con tendencias economicistas que reivindican la cultura del hedonismo camuflado con fachadas de alteridad. Muy por el contrario, este modelo económico que ha penetrado todas las áreas del vivir, donde todo es desechable con fecha de caducidad, donde en algún momento el esfuerzo resulta inútil; personas, cosas, haceres y el mismo sentir, parecen adentrase en esa insoportable levedad del ser, conduciéndonos a la angustia y desesperanza de una existencia que se agota y consume en el acumular objetos materiales que no terminan de darle razón de ser a nuestra existencia.

De no asumir este aspecto central en educación, todo afán sea tecnológico, económico o de otra índole, terminara cayendo en el vacío; si el objeto central, que en esencia radica en la búsqueda de la mejora de un bienestar integral de la persona en su experiencia del convivir armónico con otros se desperfila, todo sistema de educación, todo contenido y energía desplegada será por nada; terminando en el descontento, queja, frustración, injusticia, angustia; arriesgando se levanten movimientos que llamen al término del contrato social entre ciudadanos y educación. Pues un servicio que no cumple con su promesa será negado; peligro hoy latente en la educación profesional al promocionarse exclusivamente como medio eficaz para obtener rentabilidad financiera y promoción social.

Se insiste en la idea que, si bien no se insta a una educación que niegue el mercado siendo absurdo no reconocer el contexto sociocultural del operar de nuestro vivir, tampoco se promueve sea el mercado el centro, pues nuestro punto de apoyo no puede ser otro que lo que nos hace lo que somos, humanos. Solo humana es la capacidad de tomar consciencia, de darse cuenta en libertad, de reflexionar y asi decidir en la línea de lo que nos hace evolucionar sostenidamente. Esto es lo que hemos llamado desde nuestra experiencia del conocer-aprender, una ética relacional.

Ahora bien, la hazaña de decidir que enseñar y como hacer realidad tanta palabra, tiende a quedar en declaraciones bien intencionadas, al advertir que la conducta ética no es criterio del funcionamiento del mundo que hemos construido, pues este funciona sobre la base de intereses personales y poder; como si los grupos humanos en sus procesos civilizatorios fueran producto del azar del mundo, donde nadie es responsable de nadie, donde el hombre ya no es dueño de su destino y solo vive las consecuencias del mundo que habita.

Para reconducirnos y situarnos como diseñadores de nuestro vivir, será necesaria la misma medicina que este enfoque propone; relación, alteridad, compromiso y aceptación; en síntesis, no es otra cosa que la práctica de una dialéctica viva con los estamentos de la sociedad. El sistema de educación en ningún país puede transformar o generar movimientos positivos por si sola, cada ministerio que hemos creado, cada estamento público con misiones democráticas de mejora social requiere sintonía con los demás estamentos, que no son más que otras personas que trabajan desde diferentes áreas para un mismo fin; la mejora del vivir en convivencia, por lo que todos debemos conjugar haceres para dibujar realidades orquestadas por ese centro: lo que nos hace humanos.

Sin duda, la complejidad y las discordias aparecen frente a la respuesta a la pregunta de cómo se hace esto, que y como enseñar para lograr ese desarrollo que despierta consciencias. Asi, situarnos en que la solución es fácil o difícil no ofrece colaboración, por lo que asoma como ventajoso iniciar por cambiar la mirada, abriéndonos a una forma de trabajo y organización dialéctica de principio a fin. Ahora bien, aceptado el punto central como hilo conductor; lo que nos hace humanos, es posible reconocer o desprender otras dimensiones, otros puntos críticos que siendo coherentes al centro también lo sean al contexto, pues no podemos trabajar por una idea que se nutre asi misma, lo que terminaría operando en un sentido contrario a lo previsto; imposición, arbitrariedad, injusticia; descolgándose de la realidad que viven las personas, y no previendo consecuencias de hacia dónde nos conduce el desarrollo.

En definitiva, al aceptar que el diálogo honesto con distintos sectores, pero con un punto de apoyo en común es nuestra única posibilidad de avanzar, nos deja sometidos siempre al diálogo, a una conversación que no tiene término, dilatándose y extendiéndose en el tiempo, siendo esta característica la única garantía de éxito en la resolución que nunca será definitiva, sino momentánea, ajustada a una época. El ser humano al estar imposibilitado de conocer la verdad absoluta, lo único que tiene a la mano es el diálogo honesto, este permite reconocer verdades razonables en las vivencias del otro. La conversación se torna de esta forma en un baile alegre sincrónico a las realidades del mundo, retroalimentándose constantemente de las vivencias de sus participantes; facilitando el entendimiento y aceptación de evidencias culturales que pudiendo ser distintas a la costumbre hecha ley muestran valor con relación a lo importante; el reconocimiento de lo que nos hace lo que somos, seres humanos.

Con esta perspectiva es posible hablar de axiomas en educación y de una dinámica de la evolución axiomática, al comprender que se actualizan significados acordes a los tiempos, sin que ello implique mover el centro, muy por el contrario, las transformaciones socioculturales se abordan sin rechazar los cambios y avances, sino enriqueciendo lo que somos como seres humanos al abrirnos a la posibilidad de encontrar en la conversación verdades razonables en otros proyectos de vida.

La palabra axioma proviene del sustantivo griego ἀξίωμα, que significa «lo que parece justo» o, que se le considera evidente. El término viene del verbo griego ἀξιόειν (axioein), que significa «valorar». En efecto, al hablar de axiomas en educación aquí, no se pretende instaurar verdades absolutas, sino que dignificar y darle reconocimiento de soporte fundamental a los aspectos que el propio ser humano reconoce como cruciales en el análisis experiencial histórico del convivir.

Asomando asi, la necesidad de mantener y resignificar estos criterios poniéndolos no solo en el centro, sino al servicio del proyecto educativo.

Teniendo claro y consensuado el centro, tocará decidir tanto metas como contenidos, toda decisión conlleva elección y toda elección implica exclusión, desechando aquello que escape a lo central, el proceso de decisión será siempre con y a través de la dialéctica. Si lo dejamos a los computadores, deberemos cargarlos con variables previamente identificadas, lo que nos lleva a dibujar con antelación un mundo, esto nos presenta un gran sesgo que invalida el resultado, pues precisamente se trata de descubrir o visibilizar otras variables distintas a las propias, otras razones que siendo distintas a las nuestras sean razonables y en consecuencia se deban incluir, correspondiendo este ejercicio con una actualización axiomática dialogada. De seguir por el camino de la lucha, de la competencia, estamos muy bien encaminados y los resultados los conocemos; por lo que la decisión es siempre nuestra.

En este punto, el currículum hoy tiende a cerrarse en pro de entregar conocimiento y técnicas eficientes, actualizando las maneras de hacer en relación con los avances científicos, donde el saber se concentra en la correcta utilización de la herramienta tecnológica que da soluciones eficaces. El comprender no tiene cabida en un mundo donde lo apremiante es la realización, la ejecución rápida, como si la vida estuviera predibujada y las personas fuéramos materia en tránsito desechables, donde solo el grado de cumplimiento del protocolo garantiza un resultado; sin empatía, sin discernimiento autónomo, todo sujeto a tiempos, llenar casillas del programa y cumplir previaturas. La burocracia apoyada en algoritmos tecnológicos tomo el control para optimizar recursos y alcanzar las metas que justifiquen la inversión.

La falta de jerarquías de toda índole hace que perdamos el norte, la acumulación de derechos sociales se sobreponen unos con otros, el sistema educacional es conducido por el mercado, la consciencia social se mueve en la línea de criterios de eficiencia en la satisfacción de metas y aspiraciones referidas a la competencia para adquirir cosas como única forma de validar una existencia presente y futura. Acaparar riquezas es sinónimo de prosperidad, de protección; cuestión que sin duda tiene una relevancia; sin embargo, cuando estamos dispuestos a lo que sea para lograrlo, distorsionando significados hasta perder nuestra dignidad como personas el asunto adquiere otros colores, modificando no solo el centro de un proyecto educativo, sino transmutando al ser humano, despojándolo de lo único que nos hace libres y en efecto capaces de evolucionar, nuestra potencialidad ética de existir.

Si bien las múltiples posibilidades que se despejan con el avance científico tecnológico nos enseñan otras particularidades del mundo, abriendo nuevos senderos de tránsito; no podemos dejar de verificar los posibles arribos, siendo la revisión constante de hacia dónde nos encaminamos tarea obligada. No es posible dejarnos arrastrar por lo novedoso del viaje sin prever el puerto de destino, sintiendo una especie de pequeñez frente a un mundo que nos presenta “cosas”, hoy cosas electrónicas, atractivas, rápidas y más eficaces que nosotros en su tiempo de respuesta; desvalorizando presuntuosamente nuestras capacidades cognitivas para la toma de decisiones, dando lugar y realismo al mito distópico de la inteligencia artificial.

Por si fuera poco, atendiendo a contenidos necesarios asoma una lista de materias a impartir en los distintos cursos que puede ser infinita, por lo que la presión sobre la red y los docentes se refleja en el currículum y el aula. Contenidos y competencias se toman el debate incluso fuera de la sala de clases, los acuerdos se tornan difíciles, se siente el peso de la ideología de turno, haciéndose realidad la frase “el poder vence, pero no convence”. Sin duda, necesitamos dialéctica viva de los estamentos para establecer las prioridades del programa educacional, no obstante, también puntos de encuentro consensuadamente compartidos entre las personas que movilizan una red. Se lleva años diciendo desde distintos sectores que es vital responder seriamente a la pregunta para qué queremos educar y así darle contenidos del currículum de forma coherente.

A la vista está el camino que hemos tomado; educar para competir, donde gana el más fuerte en términos económicos y en efecto en la capacidad de influencia en la toma de decisiones, cuestión que hemos socializado culturalmente, destacando factores que actúan como catalizadores: el relato o leyenda familiar que se enlaza con su poder económico y su participación en sociedad; otro factor de peso sería el tipo de economía, marcada hoy por la eficacia y el consumismo como mecanismo dinamizador del mercado; finalmente destaca la variable tecnológica, que de ser vehículo se ha transformado en contenido.

La democracia no logra romper las fronteras del mercado y sus ansias de creciente rentabilidad, quedando atrapada en la demagogia de la práctica de la política; el modelo económico se universaliza, donde la solución del mercado es más mercado, donde la liberación de este unida a la liberación de derechos sociales sin jerarquía se transforma en paraísos ilusos, caos y lucha.