Educación, posibilidad de lo humano; tecnología una HERRAMIENTA AL SERVICIO DE LO HUMANO

Educación, posibilidad de lo humano; tecnología una HERRAMIENTA AL SERVICIO DE LO HUMANO

El ser humano no nace, sino que se hace ser humano en relación con las
personas con las que conviva desde su aparecer en el mundo. Cuando un
espermatozoide se une a un óvulo, este óvulo fertilizado recibe el nombre de
cigoto, conteniendo información genética de ambos progenitores, 46 cromosomas
en total. Luego este cigoto atraviesa un proceso en el que se convierte en embrión
anidando en el útero de la hembra, transcurridas unas 36 semanas estará listo
para nacer si todo ha marchado bien.

Desde el periodo de gestación surge la transcendencia del grupo humano que
rodea a la embarazada; es en estos momentos donde aparece la madre, el padre,
el hermano, la familia, siendo roles que germinan internamente en cada individuo.
Si bien la preñez conlleva procesos hormonales que generan cambios fisiológicos
en la mujer, indudablemente el nivel de consciencia de lo que significa ser
responsable de otro ser humano carne de su carne, juega en los progenitores y su
entorno cercano un papel crucial para la constitución de roles.

En efecto, sera la herencia biológica de los progenitores como el contexto donde
se desarrolle el sujeto aun por nacer, los que harán de ese sujeto, una persona.
Todo este aparecer de un nuevo ser ha forjado una construcción cultural humana
agilizada en esencia por la emoción que despierta la noticia de un nuevo
integrante. Serán estas fuerzas intangibles las que esculpen y dan un nombre con
sentido a lo que entendemos como madre, padre, hermanos y familia, siendo
insuficiente la definición formal de madre, como aquella persona de sexo femenino
que ha tenido descendencia directa.

Un recién nacido requiere de cuidados y atenciones que van desde cubrir sus
necesidades básicas hasta prepararlo para vivir de forma independiente en la
sociedad, adquiriendo conductas, destrezas, saberes y una emocionalidad que le
permita relacionarse e insertarse con la sociedad que le toque vivir. De allí la
necesidad práctica y humana de la familia. Si bien es esa unión fértil entre óvulo y
espermatozoide el soplo de vida que nos hace posibles; sera la educación del
espacio cultural que recibamos lo que finalmente nos esculpirá como persona.

Evolutivamente pertenecemos a la especie Homo sapiens; sin embargo, nos
hemos transformado en seres humanos, un homo que aprende y enseña, la
especie que se enseña a sí misma. Lo que sabemos del mundo, en gran parte no
es algo que se nos haya dado, sino que lo aprendimos del ambiente. Ningún otro
animal ha descubierto más que nosotros del mundo. La extraordinaria flexibilidad
de los aprendizajes permitió a nuestros ancestros primigenios salir de su sabana
natal para cruzar desiertos, montañas, océanos y, en varios miles de años,
conquistar territorios, hielos marinos inaccesibles e inhóspitos, y hasta la luna.
Desde la conquista del fuego y la fabricación de herramientas hasta la invención
de la agricultura, la navegación, la fusión nuclear, la robótica o los desafíos de la
transhumanización. La historia de la humanidad no es otra cosa que un aprender y
aprehender para volver a aprender, es decir, crear en nuestro cerebro un nuevo
modelo del mundo, actualizándonos constantemente.

La jirafa que cae desde casi 2 metros al nacer por estar la hembra de pie al parir
es golpeada contra el suelo, con dificultad por la debilidad de sus patas se pone
de pie casi a la media hora; sin embargo, la madre la patea tirándola al suelo
nuevamente. La jirafa no es una maltratadora infantil, es un animal que entrena a
su cría, le enseña que lo importante es ponerse rápido de pie, que debe fortalecer
sus extremidades para no ser presa fácil y pueda desplazarse con su grupo. La
foca, por ejemplo, siendo un animal domesticable y nunca educable, salta y se
mueve graciosamente en un escenario, fue entrenada por una persona bajo el
acondicionamiento operante, propio del modelo pedagógico asociacionista (hoy
desvalorizado por la mirada constructivista dominante).

Tanto la jirafa, la foca y el hombre; siendo seres vivos tienen requerimientos para
sobrevivir, unos están en su biología, otros son incorporados por sus iguales en
sus dinámicas relacionales, como el conseguir alimento, seguridad etc. Las
especies muestran solidaridad con el nuevo integrante, lo llamamos instinto en el
animal, humanidad, en las personas. Allí radica nuestra diferencia, nuestra
especie tiene la capacidad de cambiar el mundo, su entorno, su forma de vivir.
Contamos con un cerebro corporizado (conexión sistémica al cuerpo) que nos
permite aprender, reflexionar y decidir.

El cerebro no funciona como un cajón cerrado donde se almacenan datos; es sino,
un auténtico sistema dinámico neuronal en redes, donde el amor como emoción
que gatilla toda acción humana, opera como la única interfaz biológica-cultural
capaz de garantizar sobrevivencia placentera y digna de ser valorada. La
amígdala es un conjunto de neuronas localizadas en el cerebro, en la profundidad
de los lóbulos temporales, su principal papel es el procesamiento y
almacenamiento de reacciones emocionales, participando en el aprendizaje y la
memoria. Las emociones son importantes para el ejercicio de la razón, entre el
sentir y el pensar, la emoción guía nuestras decisiones trabajando con la mente
racional para decidir nuestro destino.

El córtex pre-frontal humano da la posibilidad de hacer juicios morales, de decir sí
o no a la vida, de justificar sus acciones. Por el contrario, el cerebro animal está
organizado para mantener instintivamente la vida. El animal humano tiene la
posibilidad de ser ético o no, de ser moral o inmoral, pues es conocedor del bien y
del mal y puede actuar en la dirección de la vida o por el contrario, puede dirigir su
acción hacia la muerte. Al igual que la capacidad lingüística, la capacidad ética
está inscripta en el genotipo humano, aunque solo como posibilidad. El hombre ha
sido dotado no de una moral o de unos valores, sino de la facultad de adquirirlos,
siendo productos de su cultura y no de su genotipo.

Actualmente los avances de la ciencia y tecnología se derraman en todos los
espacios, dejando a la emoción del sentir humano en una condición de inferioridad
en ámbitos profesionales. No poseer herramientas tecnológicas o no dominar las
nuevas técnicas digitales se transforma en debilidad, perdiendo competitividad y
capacidad de participar e innovar en esta sociedad digital; en consecuencia, se
instauran jerarquías de dominación basadas en la competición, hoy altamente
tecnificada, siendo esta la principal forma de organización social típica de primates
no humanos, alejándonos asi de motivaciones prosociales que dieron origen al ser
humano como especie.

Si bien cada época trae sus improntas y la técnica modifica la cultura
impregnándonos de miradas renovadas, no podemos pasar por alto que la técnica
no puede anteponerse al fin; un ser humano que busca su progreso, no solo
económico, material; sino tambien y afanosamente un sentido a su vivir, por lo que
lo natural biológico necesita de lo cultural, es decir, una estructura de formación
universal que fomente el progreso de la moral como responsabilidad compartida
entre cada sujeto y la sociedad heredada para la epigenética del cerebro. Aunque
la función primordial del cerebro es regular la vida, lo que hace automáticamente,
tambien ofrece a la persona la posibilidad de hacer elecciones conscientes hacia
la vida y de crear culturas para la vida.

Las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial no están exentas de peligros
como cualquier otra posibilidad, la ventaja nunca es neutral. Por otra parte,
consideremos que las revoluciones técnicas tambien son culturales al modificar las
emociones que guían un actuar; escribir una carta a mano, por ejemplo, moviliza
una serie de recursos distintos a los que se despliegan al enviar un WhatsApp,
dando otro matiz al acto mismo y las relaciones.

Una sociedad como la nuestra que muta a la transformación tecnológica requiere
obligadamente sistematizar la técnica, lo que conlleva estandarizaciones de
procesos y sistemas productivos y de gestión, impulsando consecuentemente
homologaciones culturales, primando el criterio de utilidad. En consecuencia, hoy
el amor y la ética son utilizados como insumos de la norma, representando
expresiones máximas de la democracia, deshabitando la dimensión humana
amorosa para ser argumento legal que termina deformando el sentir humano,
desconociendo el caso aislado, la historia de vida; el razonamiento ético
casuístico, quedando el sentido sustantivo de la ética como el amor al prójimo,
relegado a un plano inferior por carecer de argumentos científicos, como el
religioso o simplemente el llamado ámbito vulgar.

La educación como parte del eje social tambien vive el caos de una sociedad que
aún no termina de encontrar definiciones claras en este transitar hacia lo
tecnológico, operando como antagónicos dos ideales que no necesariamente
deben ser contrarios, como son la ciencia, desarrollo tecnológico y la ética
sustantiva de la condición humana, resumida en la empatía comprometida por el
otro más allá de cualquier normativa legal o dogma. El acto educativo nunca ha
sido un cúmulo de saberes desprendidos de un sentir, de una realidad; la
educación es y existe teniendo como objeto de interés a la persona y su
realización como tal en el mundo; es siempre un adeudo consciente por el otro y
nuestro entorno. Educación es en esencia y argumento, ética; esa capacidad
exclusivamente humana que posibilita hacer nuestra la ideología del otro,
activando asi una conexión vital integradora para superar obstáculos, al guiar la
toma de decisiones; nunca como acto de buenismo, sino como síntesis de un
saber biológico-cultural adquirido en el convivir.

La concepción de existencia comprometida sistémicamente tambien muestra
presencia en nuestro sistema fisiológico, mostrando una conexión en red vital no
solo de los órganos que conforman nuestro cuerpo, sino que tambien con el medio
ambiente. La contaminación, la pérdida de biodiversidad, la escases hídrica, el
calentamiento global, si bien pueden ser etapas de un ciclo natural, estos han sido
acrecentados fatídicamente por nuestras conductas. La sobreexplotación, el
sobreconsumo, la poca o nula valoración de los recursos naturales y su impacto
en nuestra salud y proyección de vida, hoy nos tienen atrincherados.

El modelo económico y de desarrollo necesariamente tendrá que adecuarse a esta
realidad inapelable; somos sin duda seres sistémicos interna y externamente, el
entorno en el que vivimos hace posible nuestra existencia, por tanto, somos
absolutamente interdependientes del medio que habitamos. Más allá de ser
responsables de la biodiversidad vista hasta aquí casi como un gesto benévolo de
nuestra parte por la existencia de especies inferiores, hoy contamos con datos
suficientes para reconocer que somos parte de un engranaje sistémico relacional
vivo mucho más complejo, donde nuestra participación como seres dotados de la
capacidad de aprender, discernir y reflexionar nos obliga a sumir el costo de
nuestros actos y actuar en consonancia.

La educación engendrada como una necesidad descubierta-inventada, ya en
sociedades prealfabéticas se concibe como la herramienta para la integración de
la persona al grupo humano en el que vive. Como es de esperarse, al correr de los
siglos, esa integración se ha ido perfilando, ajustándose al acervo cultural de la
época, acumulándose antecedentes que constata el desface de los sistemas de
educación para apoyar eficientemente dicha tarea. Los cuestionamientos al
sistema educacional de hoy no son nuevos, solo que cada día son más
apremiantes. Evolución y revolución, tecnológica y social han dado forma y
contenidos a nuestra historia, generando matices y transformaciones respecto al
valor y significado de la educación formal para la colectividad.

La obsolescencia tecnológica es parte de nuestro cuestionable desarrollo; ocurre
que esa obsolescencia tecnológica tambien propone obsolescencia valórica. Las
nuevas tecnologías transforman no solo el hacer; pues al hacer lo que hagamos
establecemos formas de relación. Hoy, al facilitarse la realización de las tareas y
abrirse un amplio abanico de posibilidades con las nuevas tecnologías, se
banaliza la tarea, la conducta personal se hace menos exigible al perder
exposición, quedando supeditada al recurso tecnológico, el compromiso se hace
utilitario, sujeto a la satisfacción de la necesidad personal o requerimiento
solicitado siempre cambiante y sin límite.

Peligrosamente y casi sin darnos cuenta los medios toman preponderancia
desplazando a los fines y a las personas, donde la técnica se considera inmune y
ajena a las convicciones que dieron sentido a un hacer. El esfuerzo, el trabajo
digno, el aprender y la propia dignidad humana suelen quedar relegadas por la
pomposidad de la era tecno. Asi, la revolución tecnológica es tambien revolución
social y allí es donde resurgen los retos que como sociedad revivimos con cada
nuevo avance de la humanidad. Nada de esto es nuevo, el desarrollo está ligado
al cambio de rol de las personas en la línea de producción y en las relaciones
personales.

Las datadas revoluciones industriales forman parte de esta evolución-revolución
que nos define; la primera propiciada por la máquina de vapor en 1792 que
permitió la mecanización y el aumento de la productividad de la época, utilizando
el carbón como combustible; seguida por la revolución industrial de 1870 que
utiliza en la producción masiva la electricidad, luego la transformación de 1969 con
la informática que inició la automatización. En 2014, surgen las fábricas
inteligentes con la gestión online de la producción, recientemente el crecimiento de
la inteligencia artificial nos aturde; el blockchain, la ciberseguridad, las realidades
virtuales y las promesas del metaverso con todo un mundo virtual amenaza con
llevarse gran parte de las inversiones.

El rápido avance de las ciencias y tecnologías promete más y mejores servicios,
con nuevas aplicaciones para la vida diaria, micro y macroeconomía, protección
del medio ambiente y sociedades sostenibles. Se abren nuevas perspectivas para
la extensión de vida del adulto mayor, de hecho, China propone todo un cambio en
su economía, planteando la economía plateada como medida para crecer. Los
niños cada vez a más corta edad se relacionan con dispositivos electrónicos los
que inciden en su desarrollo cognitivo, los jóvenes viven inmersos en mundos
digitales, desde sus espacios de recreación hasta los académicos y profesionales,
los adultos que no son nativos de la era digital deben transitar desde lo analógico
como medida obligatoria para realizar sus actividades.

No obstante, y con todo el apabullante desarrollo en la técnica, no hemos
desechado el conflicto bélico, las luchas geopolíticas han hecho uso de la ciencia
para la guerra. La teoría del simio asesino difundida en 1968, que dice que
nuestros orígenes son los de un simio que luego de ponerse de pie descubre la
forma de matar y eso determina el curso de su evolución dando origen a la
humanidad actual, se dejó atrás, haciendo nuestra la idea de que hemos
desarrollado capacidad social, que nuestra inteligencia es emocional, que
desarrollamos un cerebro para procesar información relacional. A pesar de ello, no
se puede negar que al observar nuestra realidad local y el panorama mundial da
para ponerlo en duda, las guerras y sus nocivos efectos hacen pensar que todo
ese descubrimiento de un ser humano consciente de que su existencia está sujeta
al existir del otro no fuera más que un deseo, una entelequia movilizada por el
empuje de la razón.

La gran guerra (1914 -1918) fue un conflicto que ocasionó sufrimiento y muerte de
unos 10 millones de personas; supuso, además, la primera ruptura antropológica
en la relación entre el ser humano y su entorno, allí la guerra se convirtió en un
factor de antropización del medio ambiente. Las dos guerras mundiales pusieron
en evidencia los innovadores productos tecnológicos de la época, la huella
medioambiental fue considerada una consecuencia colateral; donde la tala de
árboles y los incendios destruyeron biodiversidad y ecosistemas naturales, las
armas arrojaron gases tóxicos y partículas al aire filtrando materiales pesados al
agua y suelo, donde las bombas provocaron profundas marcas en los paisajes.
Irremediablemente el daño causado al medio ambiente se fija a nuestras vidas, asi
lo muestra la epigenética, que enseña los cambios que activan o inactivan los
genes no solo a causa de la edad, sino tambien a la exposición a factores
ambientales que nos llegan a través de la alimentación, ejercicio, medicamentos o
sustancias químicas. Estos agentes transformadores de nuestros genes modifican
el riesgo de enfermedades pudiendo pasar de padres a hijos.

Resulta sorprendente como desde el pasado la tierra, el agua, y el aire nos
hablan; nos recuerda su sacrificio, casi como un mecanismo de expiación por la
vida del hombre, pero no sin costo. La sostenida exposición a sustancias toxicas
no solo envenena a la tierra, sino que termina alcanzándonos, fijándose en
nuestros genes que se expresarán con enfermedades pudiendo ser heredadas a
la prole. El precio de un desarrollo centrado en la economía lo pagamos todos.
La evolución de la especie deja un panorama mundial de destrucción y guerras
como telón de fondo que han retomado la escena mundial recientemente.

La guerra entre Israel y Hamás en la Franja de Gaza, que acumula miles de
muertos desde el 7 de octubre 2023; la invasión rusa de Ucrania, que inició en
febrero del 2022. Tambien se viven conflictos armados a gran escala en Burkina
Faso, Somalia, Sudán, Yemen, Myanmar, Nigeria y Siria. Como marco general de
la actual situación europea frente a la potencial escalada bélica de una invasión
rusa a territorio del bloque, se mantiene una alerta sobre el movimiento de las
piezas de un entramado complejo, tanto social como político; siendo la
competición estratégica entre EEUU y China por la hegemonía mundial, el marco
global en el que se inserta cualquier conflicto.

A nivel local, en Chile vivimos el 19 de octubre de 2019 una manifestación
colectiva nacional que partió con reclamaciones sociales que en su proceso
desencadenaron una escalada de violencia y agresiones sostenidas por meses,
atemorizando a la ciudadanía y paralizando peligrosamente cualquier actividad.
Superado el conflicto y la posterior pandemia, el 2024 aparece marcado por la
creciente violencia en las calles, la agresividad y actos delictivos que no
conocíamos en el país se toman la noticia, generando rechazo a los inmigrantes, y
desconfianza; desconfianza que crece en todas áreas en la medida que más
casos de corrupción institucional salen a la luz.

En resumen, el panorama micro y macro de nuestra sociedad a nivel planetario no
da buenas señales, la situación resulta abrumadora y el simio asesino parece
haber salido a escena. Como ciudadanos comunes, ajenos a la toma de
decisiones a gran escala, solo nos queda confiar que los siglos de experiencia
acumulada en su trayectoria hasta ser persona le recuerden que antes que
cualquier ideología, su transformación de simio hasta llegar a ser un ser humano,
implica evidenciar sus virtudes como tal, donde el valor de la reflexión y ética que
relevan la condición humana son el único horizonte que ofrece sobrevivencia
digna de ser vivida.

A pesar de lo oscuro que pueda parecer el escenario; sin importar el mal uso que
se haga de los nuevos descubrimientos, la ciencia y la tecnología no se detienen,
y aunque puedan transformarse en un mal sueño, siempre serán una puerta
abierta de enorme valor para la civilización. Desde esta mirada, el modelo que
subyace en la comprensión y concreción tecnológica debe estar siempre ligado al
concepto de bienestar multidimensional encarnado en la filosofía del desarrollo
humano, que concibe el desarrollo como un proceso de ampliación de las
capacidades individuales para «ser» y «hacer».

En esta línea, la organización para la cooperación y el desarrollo económico
(OCDE) en este impulso concertado institucional y planetario a soluciones
estandarizadas trabaja desde el 2013 con un modelo que ofrece 11 dimensiones
para abordar el bienestar humano; vivienda, ingresos, empleo, comunidad,
educación, medio ambiente, compromiso cívico, salud, satisfacción ante la vida,
seguridad y el balance vida-trabajo. Sin lugar a duda, educación es un factor que
determina y condiciona el bienestar en las personas, esa escuela sustentada en
torno al aprendizaje de la escritura y lectura comprensiva es la que da sentido a
cualquier dimensión al dotar a la persona de la capacidad de valorar sus efectos
en sus propias vidas.

Mucho se especula respecto al uso de la inteligencia artificial (IA) en las escuelas
y universidades, sobre la valía del profesor en las aulas y el temor a que sea
remplazado por una IA. Como civilización ya hemos vivido estos movimientos, el
carro tirado por caballos paso a ser reemplazado por vehículos motorizados, se
dejaron de escribir cartas para usar teléfonos y hoy WhatsApp; cambia todo
cambia; bien lo dice Violeta, pero lo que no podemos desechar ni olvidar es que
todo avance civilizatorio tiene por definición un único fin; potenciar nuestras
capacidades como personas, para si mejorar la calidad de nuestras vidas.

En toda nuestra historia, las herramientas siempre han presupuesto una máquina,
y la máquina, antes de ser técnica, siempre es una máquina social. Una
herramienta podrá ser marginal o relevante, dependiendo de la maquina social
que la soporte; en otras palabras, sera el grupo humano de turno el que tome las
decisiones de donde y hasta donde incluirlas en su vivir. Será en este espacio
donde la educación como productora de humanidad a diferencia de la tecnología
que es una herramienta al servicio del bienestar del hombre debe marcar el
terreno, empoderando a las personas de capacidades únicas y en efecto
humanas, como la reflexión y la ética, la que brota naturalmente del existir en un
análisis crítico de lo que representa la experiencia del vivir en comunidad.

La ética nos convoca a reconocer nuestra percepción y conciencia del mundo,
analizando nuestro pasado y con ello, las oportunidades de futuro, distinguiendo
claramente, fines de medios, para que de esta manera el progreso del género
humano en su historia sea liderado y diseñado por él mismo y no por nuevas
tecnologías que aun llamándose inteligentes, carecen de la capacidad de aprender
del sentir humano.